jueves, 30 de diciembre de 2010
FELIZ AÑO 2011: PATRIA Y AMIGOS.
Siento que este año del Bicentenario que concluye, hemos vivido días que conmovieron al país. Hay una resurrección social y nacional y se ha recuperado la política y la militancia, que me devuelven a mi juventud en los setenta, y me permiten también renacer en una suerte de vejentud ,en la cuál puedo sentir que cada yo somos nosotros. Por eso deseo para todos mis compañeros y amigos que el año 2011 sea el año de rearfirmar como futuro lo ganado e ir por más: que el hoy sea un futuro de liberación social y de profundización de la democracia política, en lo económico y cultural.
Además quiero adelantarles que justamente el año 2011, desde el 20 de agosto al 18 de septiembre, realizaré una retrospectiva en el Museo de Bellas Artes, Quinquela Martín, con motivo de cumplir 40 años de mi primera exposición individual. ¿Y saben como la voy a titular?: Argentina, volver a vivir.
Un abrazo, Aníbal
Además quiero adelantarles que justamente el año 2011, desde el 20 de agosto al 18 de septiembre, realizaré una retrospectiva en el Museo de Bellas Artes, Quinquela Martín, con motivo de cumplir 40 años de mi primera exposición individual. ¿Y saben como la voy a titular?: Argentina, volver a vivir.
Un abrazo, Aníbal
sábado, 28 de noviembre de 2009
Estrella con Aníbal Cedrón.

Algunas reflexiones provocadas por la charla entre Miguel Ángel Estrella con Aníbal Cedrón, sobre “Música y Pintura (Imagen y Poética)” en el ciclo El Malestar en el Arte, miércoles 11 de noviembre del 2009, en el Centro Cultural Caras y Caretas.
Imagen y poética.
Según la Real Academia Española, imagen es “la representación viva y eficaz de una intuición o visión poética por medio del lenguaje”. Podría añadirse que la imagen es el producto básico de todo lenguaje artístico y poético, y que se basa en la capacidad humana de emocionarse. La noción de lo qué es imagen resulta trascendente en todas las esferas culturales, cuando se impone universalmente una suerte de barbarización cultural, que genera la destrucción de saberes, conocimientos, y aún más temible, provoca el vaciamiento emocional, y la alienación del pensar, del sentir e imaginar. Por eso la crisis de la imagen es el tema del ciclo de charlas que se desarrolla en el Centro Cultural Caras y Caretas, y que en el último encuentro del 11 de noviembre, tuvo como invitado al eximio pianista Miguel Ángel Estrella, para tratar sobre los paralelismos entre música y pintura, no tanto en cuanto a analogías compositivas –que las hay muchas- sino a imágenes y poética inspiradoras.
Así Estrella contó cómo vincula a imágenes y sensaciones, las 25 variaciones sobre un tema de Joseph Haydn. Cada una de las variaciones tiene un nombre (Moderato - Cadenza II. Adagio-Cadenza), pero él las asocia a “lo que considero esencial de una persona, por ejemplo: si hay una que expresa ternura se quién es, una mujer de mi entorno que conocí o energía que generalmente asocio a personajes masculinos”.
También el extraordinario pianista transmitió sobre las reacciones que provoca en públicos de países y continentes tan diversos, y que además frecuentemente como parte de la labor social que desarrolla la Fundación Música Esperanza, son públicos de zonas muy desprotegidas. Por una parte es altamente revelador a cerca de que no hay arte con acceso vedado sólo a élites; por otra, de que la música llamada “culta” penetra paradójicamente en el alma de esos públicos alejados de los grandes centros de consumo cultural, que imponen los gustos culturales. Esto ocurre con conciertos en Cochabamba o en Gaza, con temas que pueden abarcar de músicos argentinos contemporáneos o de Beethoven, desde sus sonatas rápidas a como su “Sonata Fúnebre” [.
Para enlazar con el tema propuesto, Estrella sugestivamente habló sobre la imagen que le motivaban las obras para piano de Claude Debussy (1862-1918). Tendría unos 22 años cuando para un concierto en una residencia de Villa Devoto, eligió tocar música de Debussy. Esa resultó ser la primera imagen que tuvo relacionada con el compositor francés y los impresionistas, había un gran jardín que se veía a través de una cortina que velaba ese paisaje y hasta hoy cuando toca Debussy, siempre lo toca con los ojos cerrados para ver ese jardín, detrás de aquella. Es que justamente el impresionismo musical, encabezado por Debussy, asociaba sus composiciones a las experiencias visuales como paisajes, influido por los pintores impresionistas franceses, pero también por la poesía de Paul Verlaine, Charles Baudelaire y Stéphane Mallarmé. Una auténtica interacción creativa de realimentación de imágenes entre las artes.
sábado, 17 de octubre de 2009
SURVERSIÓN Es un término que cree yo en 1999, cuando fui fundador y coordinador del Departamento, que bauticé como de:Ideas Visuales, en el Centro Cultural de la Cooperación, Corrientes 1543, Buenos Aires, Argentina. Después "solidariamente" fue copiado por un blog latinoamericano, como título, pese a que tenía registro de autor.
Aníbal Cedrón.
FORMAS TORTURADAS, Revista Ñ, Clarín, 04 de Diciembre de 2004 /Alberto Giudici
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04 de Diciembre de 2004
Revista Ñ / Alberto Giudici
Formas torturadas
Quiérase o no, el hombre no es otra cosa que su memoria. Parado sobre el filo del espacio presente, el tiempo convencional, lo condena a convertir en recuerdo cada uno de sus fugaces segundos vividos. Cuando desaparece, se extingue con él su reminiscencia, y esa es la muerte.La clarividencia del artista consiste en detener las imágenes que día a día pueblan su existencia fabricándose un simulacro de inmortalidad, de la que tampoco tendrá conciencia. Morirá con la ilusión –sólo con ella- de que sus signos, si son válidos, vuelvan a trascender sucesivamente en la imaginación de los hombres futuros. Lo efímero en el arte y en todas las cosas, consiste en eso, ya que nada existe si no hay quien lo contenga en su recuerdo. Reflexionaba Pirandello ante la muerte del ser amado: “Tu vives porque yo te recuerdo, yo he muerto porque ya no me puedes pensar”.
Aníbal Cedrón pertenece a la generación que el poder trató de borrar del suelo de la Patria. Las dictaduras militares pretendieron un país descerebrado o lobotomizado para usufructo del capitalismo neo liberal, y estuvieron a punto de conseguirlo. Cedrón es un sobreviviente de esas luchas y por tanto asumió el insoslayable compromiso del ejercicio de la memoria. Por eso su obra nace desgarrada, recorriendo y resumiendo la tragedia de “la Nación inconclusa” –como denominó una de sus series- avasallada por enemigos internos y externos.
En “Humanidad acosada”, recreación de un trabajo de Carlos Alonso –otro gran testigo- deja expresada esa
hermandad de contenidos entre creadores para los que, dar fe de la realidad es el objetivo obligado del arte, sobre todo cuando se lo ha abrazado desde una concepción humanista y una estética expresionista, valores excluyentes de los divertimentos teórico-técnicos o de las especulaciones conceptuales.
Nacido en Santa Cruz en 1948, Cedrón sabe de extensas soledades, de vientos ásperos que aún arrastran los ecos fantasmales de las rebeliones patagónicas y los estampidos de los fusilamientos de los peones alzados contra la injusticia. Sabe del exterminio de los indios, a los que los asesinos, luego de degollarlos, les cortaban las orejas como muestra de cumplimiento eficaz para recibir la paga, que en la cercana Chubut, el señor Menéndez Betty concedía a los cómplices que se prestaban a la apropiación “civilizadora” de las tierras. Mucho antes Magallanes había jalonado de sangre y horror su rapiña, en cada una de las postas realizadas en búsqueda del Pacífico. Cedrón es hijo de esas comarcas del fin del mundo y de esas historias del horror transmitidas de boca en boca y desde una azarosa sobrevivencia.
El conocimiento de esos hechos del pasado signaron su infancia y le dejaron una indeleble impronta en la conciencia determinando el camino testimonial que eligió para su vida creadora. La historia cercana y el presente inmediato no diferían mucho de esa secuencia anterior de ignominias, de luchas y causas perdidas; tampoco se diferenciaban los roles de víctimas y victimarios.
De este modo pasado y presente fueron confluyendo en sus pinturas y dibujos con la misma intensidad, clamando por una sociedad más justa y un mejor destino para el hombre.
El carácter patético de su mensaje vuelve a resaltar en su serie “Presencia de lo ausente”, en obras como “El grito”, “La derrota”, “La destrucción del héroe”, “Fusilado”.
Ante estas imágenes, María Seoane se pregunta –y a su vez ensaya una respuesta- en el catálogo de la muestra que se exhibió el pasado año en el Centro Cultural Recoleta: “¿Qué nos dice Cedrón, qué con su arte? ¿Acaso también busca, como Diógenes con su linterna, la esperanza más incandescente? ¿El tallado en la piedra de la memoria nuestra, la más estruendosa plegaria para la paz sin olvido, para la piedad sin contrapartida, para el amor que redima, para la justicia que nos dignifique? ¿Qué nos dice el artista, qué?”Esta fue la vida infeliz que tuvimos. Esta es la vida que queremos cambiar.Precisamente esa necesidad de cambiar las cosas hizo que siendo muy joven, en 1964, radicado ya en la Capital y estudiando en el Colegio Nacional Buenos Aires, comenzara su actividad como dirigente estudiantil, por la que fue sancionado y más tarde, durante la resistencia contra la dictadura de Onganía, también fuera expulsado de las Facultades de Arquitectura y Filosofía y Letras. Desde4 entonces, su participación en el ámbito social y política fue constante e intensa y permanente su adhesión en todos los conflictos que abarcan las luchas reivindicativas de sus compañeros.La obra de Aníbal Cedrón se entiende con mayor claridad cuando se constata su actitud beligerante ante las diversas instancias existenciales que le ha tocado decidir. Se dijera, por ello, que a la hora de pintar o dibujar, se planta a dar pelea a la situación esbozada en la tela o el papel. Lo que crea y denuncia y en su capacidad transformadora.La breve disquisición que sobre la memoria hicimos en el acápite de esta nota, surgió precisamente, de esa voluntad expresada por Aníbal Cedrón de oponerse al vaciamiento sistemático de la conciencia, instrumentado por el imperio para asegurar su dominio.
No hay tiempo que perder, nos dice Cedrón con la memoria trémula, desde ese espejo de la realidad que son sus dibujos y pinturas. No es hora de pasatiempos y banalidades cuando la exclusión económica condena a una muerte infame a media humanidad, cuando además, el concepto engañoso de lo global pretende suplantar el sentido sempiterno de la universalidad del hombre.
lunes, 4 de mayo de 2009
EN QUÉ PIENSO (Aníbal Cedrón, publicado en Clarín, domingo 11/08/2002).

La realidad social actual nos sitúa en un no lugar para el pensar y para crear, pues un presente alienado no permite modelar un futuro. Estoy buscando una simetría histórica con el presente crítico de nuestro país, y la encuentro en la generación de 1837 que funda el Salón Literario en la librería de Marcos Sastre, donde concurren Alberdi, redactor de la Constitución Nacional, y Esteban Echeverría, autor del Dogma Socialista, y creador del primer relato nacional paradigmático hasta en el nombre: El Matadero. Eran creadores y escritores como lo fue Martí más tarde, pero sintieron —ante un país al borde de la disolución— la necesidad de actuar en política y pensar un modelo. Por eso creo que hay que ayudar a refundar la patria, la nación, con un nuevo orden democrático y participativo. Que cien chicos, de uno a cinco años, estén muriendo diariamente en la Argentina, tiene que ver con lo que estoy pensando y sintiendo: se ha cometido el asesinato de la política. Los intelectuales y los artistas, como parte de tantos millones de argentinos, debemos tomar la política porque es hora de ponerla al servicio de toda la sociedad para que cambie esta tragedia: un sesenta por ciento de pobres y un puñado de ricos. Si pienso en mi país no puedo dejar de pensar también en el orden que hay en el mundo, aunque estemos en el extremo sur del planeta; en un mundo en el que parece haberse impuesto un pensamiento único, que actúa como una casa de pompas fúnebres que encierra en ataúdes los valores del humanismo y toda idea de esperanza apenas nace. Estados Unidos traza políticas de su conveniencia. Pero acá alguien elige obedecer y eso nos perjudica.El actual sistema, que expresa los intereses del reino del dinero, también impuso dos décadas de vaciamiento cultural con la creación de una cultura de lo anómalo, donde todo es igual, la Biblia junto al calefón, como en el cambalache discepoliano. Todos los argentinos tenemos que pensar, porque nos están sacando el derecho a ser felices, a tener un futuro. Pensar propuestas, en otro modelo que nos tenga en cuenta, porque sin propuestas, sin proyectos, no hay identidad como sociedad ni como individuos.
DESDE DÓNDE PENSAR EL ARTE. ( Nota publicada en Caras y Caretas, agosto 2008).

La conquista de América supuso la expansión del capitalismo y una primera globalización. A ella se adosó una visión centralista europea que dominó hasta ahora nuestra historiografía, incluso la del arte. En otras palabras, una visión totalitaria de la historia, bajo una concepción universalista en la cual, las historias singulares de naciones, regiones y hasta continentes, quedan al margen. Lo trágico es la ideología de superioridad racial y cultural que introdujo la violenta evangelización y la conquista y dominación continental. Baste recordar que en 1452, Nicolás V emitió la bula papal Dum Diversas, que concede el rey de Portugal el derecho de reducir cualquier "sarraceno, pagano y cualquier otro incrédulo" a la esclavitud hereditaria. Esta aprobación fue ampliada en su bula Romanas Pontifex de 1455, que agrega entre las justificaciones que los africanos eran “seres parlantes inferiores”. De este modo, paradójicamente, el cristianismo que fue la religión de los esclavos romanos, se transformó en la religión de los esclavistas en los umbrales de la llamada modernidad. Tampoco la Reforma trajo a las colonias un pensamiento de igualdad hacia los conquistados; es conocido que el “apparteid” fue aplicado por el colonialismo inglés. En la actualidad asistimos a una globalización que se orienta a establecer un mundo con centro en Estados Unidos, y si bien el proceso no es idéntico, guarda similitudes: hay quienes revestidos de liberalidad y progresismo, adoptan la mentalidad del dominado y predican en nuestro país un hacer artístico como en New York.Esa mentalidad impuso que hasta las primeras décadas del siglo XX se ignorara la existencia de las antiguas civilizaciones americanas. Fue con la revolución agraria mexicana (1910), que impulso las excavaciones en el Yucatán y en el Teoticlan, y con el descubrimiento del Machu Picchu en 1911 por Hiram Bingham, que el mundo tomó conocimiento de que América no estuvo habitada por bárbaros, sino por civilizaciones que cultivaban desde la papa, el maíz, a frutos como el tomate o la naranja, que poseían ciertos conocimientos y técnicas superiores a los europeos, y unas artes plásticas excepcionales, lo cual nos introduce a observar que los tiempos de evolución americana nunca fueron simultáneos a los de Europa.Por eso, al reflexionar en nuestra realidad americana desde el hoy, no sólo debemos abarcar este bagaje histórico, sino también incluir la idealización de la Europa progresista, reflejada en el célebre libro “Utopía” (1516) de Tomás Moro, en “La Nueva Atlántida” de Bacon (1627), o en la visión del “buen salvaje”o indio que Rousseau proyecta en su “Contrato Social”, y de tantos más, que vieron en América un espejo de fascinación y magia. Así renacentistas, utopistas, románticos, cientificistas, positivistas, agnósticos, librepensadores, surrealistas, hallaron en América ese diseño de modernidad capaz de generar, entre dualidades múltiples, un mundo tan posible como imposible.Aníbal Cedrón, publicado en Caras y Caretas, agosto del 2008.
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